¿No me digas? ¿Los hábitos se pueden cambiar?

(Como cada lunes, me gustaría aportar mi granito de arena para que el primer día de la semana sea un gran día para ti. Por eso comparto este capítulo revisado y actualizado de “Una vida sencilla”. ¡Feliz lunes!)

El hábito constituye básicamente una acción programada automáticamente sin necesidad de pasar por el filtro del razonamiento. Es decir, es la costumbre de hacer algo de cierta manera y con cierta frecuencia sin tener que pensarlo previamente.

Nuestra vida diaria está formada mayoritariamente por hábitos. El 99% de las acciones que realizamos cada día son costumbres que hemos hecho nuestras a base de una repetición insistente día tras día. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, el orden en que nos preparamos para el día –ducha, vestirse, desayuno–, el modo y el tiempo de desplazamiento al trabajo, la propia mecánica de las horas de trabajo, el cómo hacemos las tareas del hogar, las comidas, las compras, etc. Cada uno de los actos de nuestro día base está programado, forma parte de una rutina, y muy pocas veces nos paramos a plantearnos los motivos o fines que nos llevan a realizar una acción de una manera concreta, nuestra manera. Son los hábitos externos.

Del mismo modo, nuestro comportamiento imita esa pauta. Nuestros pensamientos, emociones, reacciones, opiniones también forman parte de un patrón de hábitos emocionales, el cual define nuestro carácter y nos hace únicos como individuos –nunca nadie será, sentirá o pensará exactamente como tú. Son los hábitos internos.

¿Por qué nos gusta la rutina?

El debate sobre el origen de este modo de vida humano basado en una búsqueda contínua de una rutina perfectamente planificada ha dado pie a muy diversas opiniones, principalmente dos. Algunos creen que es el miedo el que nos empuja a intentar vivir a base de costumbres y hábitos, lo que nos aporta continuidad y seguridad en el conocimiento y control de la situación. Otros creen que simplemente buscamos eficiencia. Cuantos más automatismos hayan en nuestra vida, menos veces tenemos que pararnos a pensar qué es lo que estamos haciendo, con el correspondiente ahorro energético que ello implica y la plena disposición de nuestras facultades mentales reservadas para tareas creativas, resolución de conflictos o momentos de emergencia o estrés. Lo cierto es que no sabría por cual decantarme, aunque creo que una combinación de las dos sería totalmente válida.

Pero lo verdaderamente característico de nuestros hábitos es una constante común en todos ellos: son adquiridos. Es decir, teniendo como base nuestra educación, capacidad de observación, experiencia vital y relaciones sociales, aprendemos a ser de una manera determinada.

Esta característica común nos abre las puertas a un gran secreto que todo el mundo parece conocer aunque prácticamente nadie sea capaz de dominar –por la responsabilidad que implica: los hábitos se pueden cambiar. Una verdad como un templo reprimida en infinidad de ocasiones con el fin de esconder miedo, apatía, desmotivación o falta de autoestima a base de justificaciones como:

  • Es imposible, no puedo cambiarlo.
  • Mi madre siempre lo ha hecho así.
  • ¿No ves que todo el mundo va deprisa? ¡Pues yo también!
  • ¿Estás loco? ¿Cómo voy a levantarme a las 6 de la mañana para hacer ejercicio?
  • No puedo controlarlo, cuando llega la noche me da por comer galletas. El cuerpo me lo pide.
  • ¿Qué dices? Eso es de frikis.

Que un día aprendieras, voluntaria o involuntariamente, que algo se hacía de un modo en concreto, no quiere decir que siempre tengas que hacerlo de esa manera ni que hacerlo así sea lo mejor para ti. La cabeza la tenemos para algo. Piensa. Aunque prácticamente lo hagamos todo sin pensar y la base de nuestro comportamiento sea emotiva/intuitiva, podemos parar, reflexionar, razonar, modificar nuestras opiniones, creencias y conclusiones, y finalmente cambiar nuestros hábitos.

Tienes capacidad de observar y analizar. Detectas algo que no te va del todo bien, lo analizas y lo pasas por el filtro de la razón. Es verdad, hacer ciertos cambios no es tarea fácil, pero puedes conseguirlo. ¿No ves que hay gente alrededor que hace las cosas de manera distinta? Entonces, ya no es imposible. Si otros pueden, tú puedes.

En realidad es lo mismo que has hecho hasta ahora. Que hayas “dejado de crecer” no implica que no puedas seguir observando, probando, acertando y equivocándote,… en fin, aprendiendo. Aunque para ello, previamente, tengas que desaprender algunas cosas

¿Y el cambio de hábito? Sencillo, a base de repetición. Necesitas esforzarte, ser constante, incluso caer en el viejo hábito de vez en cuando.

Por una vez utiliza tu tozudez para algo bueno. Sé pesado, cansino, machaca el nuevo hábito. Con el tiempo, probablemente menos del que tú te piensas, se asentará en tu vida.

Suscríbete gratis y fluye – emailrss