Los 8 pilares del mindfulness

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Podrían ser más, ya que en el desarrollo de la atención plena, a la larga, conceptos que no he incluido en esta lista como la compasión o la interdependencia –o el interser, como dice Thich Nhat Hanh– toman especial relevancia.

Sin embargo, para mí, desde un punto de vista sobre todo práctico, el del día a día, los pilares fundamentales del mindfulness son los ocho siguientes:

1. Presencia

No existe otro momento en el tiempo. Es más, no existe el tiempo. No hay pasado. No hay futuro. Hay presente. Es presente. Soy consciente –punto 5– de que pasado y futuro son invenciones, ilusiones de mi mente. Durante la práctica puede que vengan a mí recuerdos pasados o sueños futuros en forma de miedos, preocupaciones, nostalgias o proyectos. No los niego, y tampoco me aferro. No son reales. La única realidad es aquí y ahora.

2. Atención

Es la cualidad básica de la práctica del mindfulness. Mi ser, yo, cuerpo y mente, nos centramos y concentramos en una sola cosa al mismo tiempo, en un mismo momento –el presente–, cuanto más pequeña sea esa cosa mejor, como la propia respiración, el latido del corazón, el tacto de los pies en el suelo, un sonido, el sabor de lo que estoy comiendo, etc. Todos mis recursos se enfocan en atender a una sola cosa, la realidad presente.

3. Intención

No es algo externo que reclama mi atención, quien decide por mí hacia donde me enfoco, como las noticias catastróficas de la televisión, los beeps del móvil avisándome de que tengo un whatsapp, o los olores que vienen de la pastelería de la esquina. Soy yo el que decide intencionadamente mantener mi atención plena en el presente.

4. Aceptación

No hay juicios, etiquetas, adjetivos, valores, comparaciones. Todo es tal como es. Ni bueno ni malo. Ni justo ni injusto. Ni feo ni bonito. Todo es.

Los juicios y etiquetas sirven a nuestra mente para catalogar nuestro entorno, lo que percibimos, pero se quedan muy lejos de describir con precisión y plenitud la realidad. De hecho, a menudo no son juicios ni etiquetas, sino prejuicios y pre-etiquetas, valores automáticos que le damos a lo que nos rodea sin ni siquiera darnos la oportunidad de ver más allá, de observar de nuevo una realidad que tal vez sea totalmente distinta a cómo valoramos una realidad semejante en una ocasión anterior, lo que propició el prejuicio.

Y cuidado. La aceptación a menudo se confunde con la resignación, cuando no lo es. La resignación es algo así como “esto es una mierda, pero es lo que hay”, es decir, rendirse ante una situación que estamos juzgando –y por mucho que digamos “es lo que hay”, al juzgar seguimos sufriendo. La aceptación es simplemente “esto es lo que hay”, sin juicio alguno.

5. Responsabilidad

Tú eres el primer responsable de tu realidad, tu bienestar y tu serenidad. Obviamente, tú no puedes cambiar toda la realidad que te ha tocado vivir –en realidad, la mayoría de las cosas escapan de tu control; estaría bien que empezaras a comprenderlo. Es más, ¿por qué la realidad debería ser como tú quisieras que fuera? ¿Acaso eres Dios? Lo que sí depende totalmente de ti es cómo observas la realidad, es decir, como creas tu realidad. Si mantienes tu atención en el momento presente sin juicio alguno, aceptándolo tal y como es, ¿cómo vas a sufrir?

Buda dijo: “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”.

6. Conciencia

Conciencia, o consciencia, quiere decir sabiduría plena, conocer plenamente. El estado de mindfulness te permite conocer plenamente la realidad, tal y como es. Todo conocimiento intelectual, basado en el juicio y, por tanto, limitado y a menudo engañoso, queda al margen. Ser consciente es, simplemente, saber.

7. Impermanencia

El mundo que te rodea, el material, el de las características, las etiquetas y los juicios, es un mundo dual y efímero. Cambia constantemente. Nada permanece.

Puede que este concepto sea sencillo de comprender en lo que se refiere a “nuestro exterior”. Parece evidente que todo lo material cambia incesantemente, por lo que no suele ser muy aconsejable aferrarse a nada, ni tan sólo el propio hogar o las personas que conviven con nosotros. Sabemos que en cualquier momento se pueden marchar.

Sin embargo, esa dualidad y esa impermanencia también son características de nuestra mente. Los pensamientos son impermanentes. Y las emociones también son impermanentes.

En el caso de las últimas, también solemos catalogarlas como positivas y negativas –cómo no, no dejamos nunca de juzgar, ni tan sólo a las propias emociones. Está claro que a nadie le gusta sentirse mal y cualquiera suele preferir estar alegre o contento antes que triste o iracundo. Sea como sea, en este sentido es muy importante comprender que tanto unas como las otras son impermanentes, pasajeras; tal como vinieron se marcharán.

Entonces, ¿debemos negarlas? ¡Para nada! Al contrario, debemos observarlas y aceptarlas, sin juicio alguno, tal y como son. Muy a menudo, sobre todo para esas emociones que clasificamos como negativas, el propio hecho de juzgarlas es lo que hace que las retroalimentemos, persistan y sigamos sintiéndonos mal.

En fin, cuando sé –soy consciente– de mi rabia, observo mi rabia, acepto mi rabia, conozco mi rabia, experimento mi rabia y la dejo ir. Y cuando sé –soy consciente– de mi alegría, observo mi alegría, acepto mi alegría, conozco mi alegría, experimento mi alegría y la dejo ir.

Por mucho que desee aferrarme, sé que en el mundo de los fenómenos, los pensamientos y las emociones nada permanece.

8. No-hacer

Probablemente el concepto que nos cuesta más comprender, aplicar y, en este caso, explicar, gracias a nuestra cultura y educación del hacer.

Cuando practico la atención plena no hay objetivo alguno, las cosas son como son, no pretendo que nada cambie, acepto plenamente, no pretendo intervenir ni forzar, fluyo, dejo las cosas tal y como están, tal y como son.

Hacer, tener un propósito, intervenir, forzar, generalmente implica adentrarse en el tiempo futuro, divagar entre expectativas o esperanzas, desde una no-aceptación del presente, de la realidad plena.

No-hacer no tiene nada que ver con no hacer. Es más bien algo así como hacer sin hacer, wei wu wei –concepto taoísta que dejo pendiente para profundizar.

Por supuesto que en el día a día hago cosas, y al mismo tiempo trato de centrarme en eso que hago, aquí y ahora, sin pretensión alguna. Eso es lo que significa mi redundante olvídate de los resultados y disfruta de las consecuencias.

En fin, espero que estos 8 pilares te hayan ayudado a comprender mejor la definición del mindfulness que daba hace unos días.

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