Qué buscan en realidad cuerpo y mente cuando actúas compulsivamente, inconscientemente

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Todos lo vivimos en nuestras propias carnes cada día, sin excepción. Nuestro cuerpo está condenado a vivir aquí, no puede marcharse a otro lugar, mientras que nuestra mente pasa la mayor parte del tiempo –o toda– vete a saber dónde y cuándo, deambulando entre responsabilidades, preocupaciones, sueños, miedos, ilusiones, obsesiones, proyectos de futuro, etc.

Cuerpo y mente viven separados.

Por otro lado, también todos tenemos nuestros escapes compulsivos, nuestras conductas inconscientes, nuestro piloto automático. Fumamos, bebemos, pensamos, practicamos sexo o vemos porno, dormimos, nos informamos –mucho–, nos discutimos, comemos, nos drogamos, navegamos por Internet, compramos, nos machacamos a ejercicio físico… Cada cual ya sabe qué es lo que hace compulsivamente, inconscientemente, descontroladamente.

¿Por qué? Esa es la pregunta que se hace la mayoría de la gente, sobre todo cuando se plantea dejar de hacerlo.

Ya lo sabes. Porque te gusta, porque es un comportamiento que te retorna una recompensa, un placer extraordinario.

¿Por qué lo necesitas tanto? ¿Qué te hace hacerlo de forma inconsciente, compulsivamente?

Ya lo sabes. Eres un adicto. Tienes apego por esa conducta. Sientes que realmente no puedes dejar de hacerlo, no puedes parar. El placer inmediato que vas a sentir es mucho más fuerte que tu voluntad.

¿Y por qué buscas ese placer inmediato?

Ya lo sabes. Porque hay algo que no va bien, no estás satisfecho plenamente con tu vida, de alguna manera estás sufriendo, y ese placer inmediato, aunque sea por un breve instante, calma tu sufrimiento, se lleva tu atención a otra parte, acalla tus preocupaciones, silencia tus miedos y aplaca tu estrés.

¡Eps! ¿Preocupaciones, miedos, estrés? Esto me suena de las primeras líneas…

¿Quién les da cobijo? Efectivamente, tu mente.

¿Y cuándo y dónde están esas preocupaciones, miedos y el 99% de las cosas que te hacen padecer? Es obvio que en el mismo lugar que tu mente, es decir, en otro momento del tiempo, en el pasado o en el futuro, pero no en el presente, y sobre todo muy muy muy lejos de lo que aquí y ahora está experimentando tu cuerpo, que no puede estar en otro lugar.

Yo lo veo claro.

El proceso es extremadamente complejo, pero la explicación, al fin y al cabo, es muy simple.

¿Qué buscan en realidad cuerpo y mente cuando actúas compulsivamente, inconscientemente?

Quieren reunirse.

Quieren experimentar, aunque sea por un solo segundo, el presente.

Quieren hallarse juntos aquí y ahora.

Quieren formar una unidad, el cuerpomente.

Quieren ser.

No es nada místico ni mágico. Es una necesidad inherente a nuestra naturaleza de regresar y tratar de permanecer en el presente, el único momento del tiempo que es real.

Cuerpo y mente son dos conceptos o entidades que nos hemos inventado para comprendernos, para explicarnos, pero que en realidad son indivisibles.

Por eso, en nuestro día a día, cuanto más los separamos, cuanto menos cuadran el momento y el lugar que cada uno de ellos está experimentando, mayor es la fuerza que les atrae y nos empuja a actuar compulsivamente, inconscientemente, sin control alguno de la situación.

En cambio, cuando cuerpo y mente permanecen en el presente, cuando uno experimenta la conciencia plena –el cuerpomente–, no hay preocupaciones, proyectos, miedos, ansiedades, obsesiones, sueños… No hay sufrimiento y no hay necesidad de un placer inmediato que nos acerque fugazmente a cierto estado de felicidad. Todo es como debe ser. Todo está en paz. Y no hay placer que ni tan solo iguale esa sensación de plenitud y serenidad.

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