Cómo ser el coach de tu familia, amigos y conocidos sin tener un certificado de coaching

Antes de nada:

  • Respeto, comprendo y recomiendo el coaching. Que quede claro. Tengo amigos que se dedican a ello, conozco coachs que son unos cracks y en alguna ocasión he recurrido a ellos.
  • Insisto en que yo no soy coach –aunque a veces me pongan la etiqueta. Soy mentor y entrenador. Mentor porque me dedico a guiar y enseñar disciplinas muy concretas. Entrenador porque asisto en la práctica y repetición exhaustiva de estas disciplinas hasta el asentamiento del aprendizaje y la propia práctica como hábito.
  • Si quieres dedicarte al coaching, no hagas tonterías, invierte tus ahorros y estudia coaching. Más allá de certificaciones –de momento nada oficial–, conseguirás aprender a utilizar y desarrollar un montón de herramientas que serán la base de tu oficio. Y no es algo que puedas conseguir en dos días. Por ejemplo, un buen programa de coaching es el Máster de Coaching Sistémico ofrecido por la Escuela de Terapia Familiar del Hospital de Sant Pau y la Universidad Autónoma de Barcelona.
  • Por último, soy consciente de que algunos de los consejos que voy a compartir no suelen converger con las líneas generales que se enseñan en los cursos de coaching y se practican después, sobre todo cuando me refiero a “intervención”, “forzar”, etc. Cada cual que lo entienda como quiera.

¿Ser el coach de tu familia, amigos y conocidos? ¿Y sin certificación de coaching?

Sí, claro. Puedes.

¡Ah! Una cosa que se me olvidaba. Y gratis.

Vaya, ¿ya no te interesa?

Con lo chulo que es ser el coach de tus más allegados, gratis y, lo mejor de todo, sin que ellos lo sepan.

¿Por qué? Porque por encima de todo, más allá de objetivos, éxito, liderazgo, etc., un coach –sobre todo si es personal– es alguien que te ayuda a ser quien realmente eres, relacionarte mejor con tu entorno social y desarrollar todo tu potencial humano. En definitiva, ser feliz.

¡No me digas que no quieres ser una especie de coach para las personas que conviven contigo! ¿Acaso no quieres que sean felices? Deberías. ¿O no recuerdas que la felicidad se contagia?

Si has decidido que sí, que quieres ser el coach de tu padre, tu mujer, tu amigo, tu compañero de trabajo o tu hijo, simplemente sigue estos pasos:

  • Escúchale. Y hazlo de verdad, prestando atención a lo que te dice y a lo que no te dice –sus gestos, mirada, tono, etc. Mantente presente.
  • Mírale a los ojos. ¿Para qué crees que tenemos un globo ocular tan grande y de fondo blanco que contrasta tanto con nuestro iris? Es algo que nos caracteriza especialmente a los humanos. ¿Para qué? Para saber si quien tenemos delante nos presta atención. Cuando alguien te mira a los ojos es mucho más fácil abrirse, confiar.
  • Opina… cuando te lo pidan. No juzgues. No hay nada que “tendría que” o “debería” ser o hacerse. Tú no posees la verdad, la razón. Simplemente, desde tu sabiduría y experiencia, la misma que tiene todo el mundo de forma única y personal, comparte tu opinión.
  • Sé sincero. Como extensión a esa opinión. Compártela sinceramente. A las buenas y a las no tan buenas. No se trata de machacar al otro y hundirle en el miedo, pero tampoco de sobrealimentar sus utopías. Sé honesto, auténtico.
  • Remarca los aspectos “negativos”. Cualquier contradicción o repetición constante de una valoración negativa. Sin juicio y sin pretender cambiarlos, sólo remárcalos, haz que el otro sea consciente. Después él ya hará lo que quiera o deba hacer con ellos.
  • Refuerza los aspectos “positivos”, que siempre los hay. No dejes que se olviden o se escapen. Serán el punto de partida, el cabo al que agarrarse para comenzar un proceso de cambio.
  • No intervengas. No pienses sobre lo que ocurrirá después ni intentes intervenir en el curso de las consecuencias futuras. No fuerces la situación para que sea como tú quisieras que fuera. No eres tú. Es él. Ayúdale y permite que tome sus propias decisiones, no las tuyas.
  • Sé empático. Comprende y comparte el momento o situación que está viviendo esa persona. Muéstrate cálido. Practica la compasión y comprende lo que siente –que no tiene nada que ver con la lástima, por cierto.
  • Tócale. El contacto físico es una de las muestras más ancestrales que tenemos de compasión, cercanía, cariño y empatía. Hazle saber que le importas.
  • Mantente relajado. Del mismo modo que tú puedes ver como se siente el otro con su lenguaje no verbal, él también lo ve en ti. Y si estás tenso, también se tensará. En realidad, si le prestas atención, le miras, no le juzgas, eres sincero, no intentas intervenir y te muestras empático, compasivo y cercano, lo más probable es que no haya tensión alguna y estés totalmente relajado. Pero a veces tu ego puede despertarse y querer tomar el mando de la situación, cuando en realidad no es tu situación, sino la del otro. Entonces respira y relájate.
  • Sé natural. O sea, deja que todo este comportamiento que acabamos de repasar surja de forma espontánea. Insisto en que apartes tu ego, porque en este preciso momento lo importante no eres tú. Es él. Fluye.

Puedo asegurarte, sin certificaciones ni títulos de por medio, que siguiendo estos pasos vas a ser el mejor coach que podrían tener las personas que quieres y así todos lo tendréis mucho más fácil para ser felices.

Y recuerda:

Trata a un hombre tal como es y seguirá siendo como es; trátalo como puede llegar a ser y se convertirá en lo que puede llegar a ser.

Johann Wolfgang Goethe / Blaise Pascal (no hay consenso en quien fue el autor de la cita)

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