Cómo disecar el cerebro de un niño en 12 pasos

Es decir, cómo grabar en él un programa perfecto para ejecutar un papel de zombi cuando sea adulto, o de Homer Simpson –como dice Ido Portal–, o cómo tatuarle la cultura de la insatisfacción y el miedo crónico.

1. Inmovilízale. Sienta al niño desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la tarde. En la trona, en el coche, en su clase, en el sofá delante de la televisión, en el suelo para que juegue con un Smart Phone. Donde sea, pero que esté quietecito. Que no se mueva.

2. Enséñale a obedecer. ¿Qué se dice? ¡Buenos días, señorita! Estamos hablando… ¿Puedes callarte y esperar a que acabemos? Siéntate. Ponte derecho. No toques eso.

3. Incúlcale el miedo. Baja de ahí. Vas a hacerte daño. Como te caigas, verás. Te vas a abrir la cabeza. No hables con extraños. Como no hagas caso, va a venir el hombre del saco y se te llevará.

4. Ridiculízale. Niño, no digas tonterías. Es que a mi hijo no se le dan muy bien los deportes. ¡Pero mira cómo te has puesto! ¿No te da vergüenza ir con esas pintas?

5. Júzgale y etiquétale. Es que es un trasto. O inquieto. O patoso. O no calla. O princesita. O tímido. O vergonzoso. O bicho. O chulo. O zoquete. O muy listo –tal vez demasiado…

6. Reprime sus emociones. Los niños grandes no lloran. Mantén la compostura. Sé educado. ¡Qué haces! ¡Castigado al rincón de pensar! (En vez de al de hablar, o el de expresar, o el de canalizar).

7. Conviértelo en un adicto. Chocolatinas. Chips. Galletas. Coca-Cola. Ketchup. Chuches. Macarrones. Con queso.

8. Aségurate de que sus ídolos sean unos buenos ejemplos a seguir. Belén Esteban. Paquirrín. Cristiano Ronaldo. Justin Bieber. Rafa Mora.

9. Presiónale para que siempre se compare y nunca se sienta satisfecho. Corro más que tú. Sabes que puedes hacerlo mejor. El mío es más chulo, o más grande. Aspira a ser alguien en la vida –como si un niño ya no fuera alguien.

10. Márcale el camino. Sé bueno. Estudia. Ve a la universidad. Trabaja. Cómprate un coche, nuevo. Trabaja. Cásate. Trabaja. Cómprate un piso, nuevo. Trabaja. Ten hijos. Trabaja. Cómprate una segunda residencia. Trabaja. Jubílate. Vive solo. Muérete. Y si todo puede ser con un puntito de sacrificio, mejor.

11. No le dejes pensar y aprender por sí mismo. Así no. Aquí mando yo. Cuando seas mayor ya harás lo que te dé la gana. Trae, ya lo hago yo. Es como yo digo porque sí, y punto.

12. Y sobre todo, no lo olvides, predica con el ejemplo.

Además, puedes acoplarle el complemento extra para la disecación de cerebros de niños:

13. Enchúfale el programador automático que refuerce las enseñanzas anteriores cuando tú no estés, ya sea un móvil, una tablet, un DVD en el coche o la televisión.

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