La mejor forma de empezar la mañana…

…la eliges tú.

Puedes optar por levantarte apurando al máximo, calculando al milisegundo cuánto tiempo necesitas para echarle un vistazo al Whatsapp, por si alguien te ha escrito a las cuatro de la madrugada, darte una ducha rápida, tomarte un cafetito, con leche y azúcar, fumarte tu cigarrito, meterte en el coche, disfrutar de tu atasco diario, mientras te consuelas con las bromas telefónicas de la radio, y llegar al trabajo.

O puedes elegir madrugar un poco más, que es más fácil cuando también has escogido irte a dormir más temprano, y empezar el día con calma, aprovechando el margen que tienes para meditar, o darte una ducha conscientemente, o prepararte un desayuno algo más saludable, o incluso ir al trabajo en bici o caminando, y no desayunar hasta el descanso de media mañana.

Lo más curioso de todo, según mi experiencia, es que esa elección, cómo empezar el día, determina el destino –de tus elecciones– del resto de la jornada.

 

Suscríbete gratis y fluye – emailrss