Cómo evitar las lesiones típicas del corredor

Han pasado ya unos cuantos días desde que pudimos disfrutar de la charla con nuestra prehistoriadora y ex-ultratrail runner Alba Wild Heidi, y otros pocos más desde que compartí una parte del inmenso catálogo de locomociones naturales que el hombre tiene la capacidad de realizar en mi último libro, Locomoción Natural. Aún así, aunque desde mi punto de vista ya está todo dicho, siguen llegándome muy a menudo y desde diversos ámbitos ciertas dudas en torno a la carrera convencional –running, footing, jogging, o tontering, como dice mi amiguete Saúl de Esto No Es Comida.

Quiero recalcar, antes de nada, y quien me conoce lo sabe, que no soy ningún talibán anti-running. Es más, redundante y cansinamente, insisto en que correr es la segunda familia más importante de los movimientos que conforman el Método Natural. De veras, respeto profundamente al corredor crónico, al mismo tiempo que comprendo que, visto lo visto, a algunos todavía les sigan quedando ganas de correr y correr y correr y reducir toda su actividad física a correr, dada la presión que la inconciencia colectiva aún ejerce sobre nuestra mente de mono. Es lo que hay.

Cómo evitar las lesiones típicas del corredor

Una de las preguntas que más me hacen es precisamente ésta, cómo evitar las lesiones típicas del running, así que aquí va mi respuesta, que ofrece simplemente dos alternativas:

1. Dejar de correr

Evidente, ¿no? Si uno no quiere lesionarse como suele hacerlo un corredor –he escuchado por ahí que el 80% de ellos, como mínimo, se lesionan una vez al año–, lo más fácil es dejar de correr.

No es, ni mucho menos, mi opción preferida. Pero me veía obligado a nombrarla porque he sido testigo de esta elección en más de una ocasión, y conozco de primera mano las consecuencias.

Problema número uno: otra vez recuerdo que, desde un punto de vista evolutivo, correr es nuestro modo de locomoción más eficaz y eficiente después de caminar. Dejar de hacerlo supone un cambio evolutivo incoherente tan drástico como comer azúcar refinado, pasar más horas despierto de noche que de día o apostar por la soledad y el aislamiento social como modo de vida –hasta alcanzar extremos como el cada vez más prevalente síndrome de Hikikomori. En mi opinión, si un ser humano quiere estar sano y gozar de cierto bienestar debe correr, sí o sí –con los matices que vienen enseguida, a los que dedico un capítulo entero en el libro teórico del Método Natural de Ejercicio Físico.

Y problema número dos: el runner crónico acostumbra a tener una tendencia compulsiva respecto a la actividad física –y seguramente también respecto a la vida. Sí, puede que dejando de correr evite las lesiones del corredor. Pero es curioso como automáticamente cambia el correr por nadar, o ir en bicicleta, o viciarse al Crossfit, al yoga o al Zumba –es igual, a lo que sea, especializándose y pasando horas y horas realizando el mismo tipo de movimiento, de forma crónica y acumulando un volumen de entrenamiento movimiento excesivo. En fin, el movimiento será otro, pero el patrón seguirá siendo acumulativo y repetitivo, crónico, por lo que aparecerán inevitablemente las lesiones típicas de turno –del nadador, del ciclista, del levantador, del saltador…

2. Dejar de correr ASÍ

Y ASÍ se refiere no a correr, una vez más, sino a la forma de correr. En este punto cabe repasar, sobre todo, dos factores de la carrera que tienen mucho que ver con recuperar cierta coherencia evolutiva: la técnica y el volumen/intensidad.

Por un lado, respecto a la técnica, “así” quiere decir “con calzado amortiguado, dando pasos largos y taloneando, ejecutando la pisada por delante de la línea de gravedad”. Por tanto, a grosso modo, la eficiencia durante la carrera se incrementaría y el riesgo de lesión disminuiría si el corredor corriera “asá”, es decir “descalzo o con calzado minimalista –sin amortiguación ni drop–, dando pasos cortos y entrando con el antepié, impactando lo más cerca posible de la línea de gravedad”.

Ahora, el cambio en la técnica no es suficiente. Muchos se pensaban que sí, y durante los últimos años se ha defendido a capa y espada la transición al “descalcismo” como panacea a todos los problemas del corredor. “Si sigues lesionándote es porque no terminas de dominar la técnica o porque has hecho la transición demasiado rápido”, dicen. No son pocos los que lo han probado, y tampoco los que han fracasado. Los pobres, encima de pasar por el sufrimiento de dicha transición, han acabado en el mismo punto, lesionándose como todo buen corredor (crónico), y más tarde rebotándose contra la opción minimalista –claro, era el único factor a tener en cuenta… Uff.

Así que, por otro lado, otro factor a re-pensar que ni osa replantearse el corredor crónico es, precisamente, renunciar a su apellido: crónico. ¿Nadie se ha planteado que, del mismo modo que correr con una zapatilla ortopédica es ir en contra de nuestra fisiología evolutiva, también lo es correr largas distancias y a un ritmo constante? Para analizar las razones de esta cuestión, y antes de que el listo de la clase disparé algo sobre la caza por persistencia, por favor, vean otra vez lo que nos explicó Alba, y luego hablamos.

Entonces, con todo, sumado a la recomendación referente a la técnica, debo añadir que correr “asá” sería “correr interválicamente, distancias cortas, a ritmos variables, incrustando entre medias de la carrera otros movimientos que enriquezcan la diversidad de la locomoción y el movimiento, así como de los procesos fisiológicos y metabólicos consecuentes del propio movimiento”.

En definitiva, y para acabar, si uno pretende evitar las lesiones típicas del corredor y quiere seguir corriendo, la única salida coherente que tiene es olvidarse de ortopedias amortiguadas y del estrés crónico, y apostar por la tecnología de última generación del propio pie y por un estrés interválico, como cualquier proceso natural.

Una vez en línea con la naturaleza, la lesión pasa de ser algo habitual a algo excepcional, y lo que queda es fluir y disfrutar.

Suscríbete gratis y fluye – emailrss