Qué es la Jaula

No es un concepto nuevo. Para los hermanos Wachowski, productores de cine, es Matrix. Para Erwan Lecorre, fundador de MovNat, es el Zoo. Para el Dr. William Davis, cardiólogo y eminencia del estudio de la sensibilidad al gluten, es el Wheat Belly y todo lo que le rodea -la barriga y la cultura del trigo. Para Sean Croxton, autor de The dark side of fat loss, es The Box -la caja. Para Mark Sisson, exatleta olímpico y creador del método Primal, es la Conventional Wisdom -sabiduría o prudencia tradicional y convencional.

¿Qué es la Jaula?

Para mí es una jaula.

Así es como veo al hombre, encerrado en una jaula, obligado a no poder desarrollar todo su potencial natural.

No es una jaula con barrotes de acero. Es peor que eso, porque en realidad nos han vendido una adornada libertad física material que no hace más que enmascarar una prisión física, mental y emocional.

Los barrotes son creencias y dogmas, verdades absolutas que somos incapaces de cuestionar lo más mínimo, a la vez que nos empuja a indignarnos y juzgar maliciosamente a otros que sí se atrevan a hacerlo -yo fui el primero en señalar con el dedo a las voces discordantes con lo que había escuchado en la Jaula durante toda mi vida, y ahora a menudo otros me señalan a mí-.

Nadie se plantea de dónde han salido, por qué han salido o qué alternativas hay a esos dogmas:

  • Debes comer cinco veces al día.
  • Si no comes con frecuencia puedes padecer hipoglucemia, se frena tu metabolismo y engordas.
  • Tu dieta debe contener un 60% de hidratos de carbono.
  • Tienes que correr más de 25 minutos para quemar grasas.
  • El ejercicio cardiovascular es bueno para el corazón.
  • Para tener unos músculos fuertes debes entrenar duro con pesas.
  • La leche es necesaria para mantener fuertes tus huesos.
  • Si no quieres sufrir contracturas debes mejorar tu postura.
  • La genética tiene la culpa de todo.
  • Comer carne roja provoca cáncer.
  • Soy el último responsable de mi vida.
  • Los adultos no pueden jugar.
  • ¿Cómo voy a decir que no?
  • En la vida hay que hacer sacrificios.

Lo peor de la Jaula no son en sí las creencias que la forman. Lo peor, y a la vez lo que hace que sea más difícil escapar de ella, es que la Jaula no se ve. La Jaula se piensa y se siente. No sólo estás encarcelado en una prisión de asfalto, hormigón, prisas y sofá. Eres preso de tu propia mente, de lo que crees.

La Jaula encierra tus instintos naturales

Ya no sabes lo que es el hambre. Nunca esperas a que aparezca para comer. Ya no sabes lo que es el dolor. En cuanto asoma el hocico echas mano del ibuprofeno. Ya no conoces el placer del movimiento. Estás sentado todo el día. Ya no gozas de la libertad de la movilidad máxima. O no te mueves, o si te mueves lo haces pendiente de reglas, tiempos, repeticiones, posturas, respiraciones, series,…

La Jaula no deja que te muestres tal y como eres, de manera natural. Tu genética, fruto de millones de años de evolución, está preparada para expresar su plenitud en forma de salud y bienestar, mientras que la Jaula te invita una y otra vez a repetir hábitos que activan los fallos genéticos -base epigenética- y promueven la enfermedad.

Tu alimentación no es natural. Es fruto del miedo al quedarse sin de la revolución agrícola, el origen de nuestra cultura del excedente cristalizada hoy día en la epidemia del sobrepeso y la obesidad.

Tu movimiento no es natural. Pasas 23 horas al día inmóvil. La otra hora, con un poco de suerte, te mueves de manera repetitiva, cuadriculada, planificada, limitada,…

Tu sueño no es natural. Duermes poco y fuera de horas. Te estimulas de noche con lámparas de bajo consumo y pantallas luminiscentes. ¿Cuándo olvidaste tu ciclo circadiano?

Tu comportamiento no es natural. Vives con miedo permanente. La ansiedad y el estrés se apoderan de ti como respuesta a peligros irreales, preocupaciones que habitan tu cabeza pero que no existen. Estás más pendiente del allí y después que del aquí y ahora.

Tus emociones no son naturales. Eres lo mejor que tienes, tal cual, perfecto. Sin embargo, desde pequeño sueles compararte con los demás, envidiar lo que tienen, echarte la culpa a ti mismo, exigirte de más, sacrificarte, hacer cosas que no quieres hacer.

¿Cómo no vas a enfermar? ¿Cómo no vas a sentirte fatigado, deprimido, triste? ¿Cómo no vas a padecer sobrepeso? ¿Cómo no va a costarte moverte? ¿Cómo no vas a engordar las listas crecientemente exponenciales de diabetes, hipertensión, cardiopatías, Alzheimer, celiaquía, fibromialgia, depresión?

Mi experiencia en la Jaula

En realidad me gusta pensar que vivimos en una jaula.

Una jaula generalmente tiene cerraduras, y si hay cerraduras hay llaves para abrirlas. Además, los barrotes se oxidan y pueden romperse. Es más, puedo entrenarme para doblarlos. Incluso puedo sacar los brazos entre las barras para tratar de alcanzar algo de lo que hay fuera de ella. ¡Vaya! De vez en cuando veo a alguien paseando fuera de la Jaula. ¿Cómo ha salido? ¿Y si le pregunto? A lo mejor puede darme pistas de cómo escapar.

Mi mensaje es esperanzador, pero también tengo una mala noticia. Yo no puedo abrir tu jaula.

Ni tan sólo puedo afirmar absolutamente el haber salido de la mía, pero sí puedo garantizarte que un día vi algo de ese óxido en uno de los barrotes y probé a romperlo. Lo conseguí, y me atreví poco a poco a salir de ella. Descubrí que el mundo fuera de la Jaula era muy distinto al que había visto durante 29 años, y me gustó. Me gusta. Sin embargo tengo que reconocer que soy humano, y que incluso hoy de vez en cuando vuelvo a entrar en la Jaula, mi zona de confort.

De todos modos intento pasar el máximo de mi tiempo fuera de ella y cada día me siento mejor. De hecho, las pocas veces que me da por volver ya no me siento tan cómodo allí dentro. Como ya casi nunca estoy, ni la limpian ni la pintan ni echan pienso para que coma. Está hecha un desastre. Ya no me gusta estar allí. Pronto acabará por derrumbarse del todo.

¿Cómo salir de la Jaula?

Como sólo puedo basarme en mi experiencia, te diré que el secreto reside en dar dos pasos:

  1. Desaprender, olvidar, borrar, desapegarse, eliminar,… todas las creencias que tengas acerca de salud, ejercicio, alimentación, hábitos saludables, etc. No digo que todos sean negativos. Digo que los borres, nada más, para después…
  2. Observar la naturaleza en su globalidad y experimentar según sus reglas. A partir de ahí, construir una base de conducta más coherente con la naturaleza y con tu naturaleza. Crea tu nueva realidad natural.

¿Y yo, Rober, que pinto en todo esto?

Yo me considero uno de aquellos que se pasean alrededor de tu jaula de vez en cuando. Puedes hablar conmigo o no; por mi parte siempre será un placer conversar contigo. Te explicaré cómo salí yo, por si te sirve, aunque no te prometo nada. También he coincidido con más gente que salió antes que yo de la Jaula. Puedo explicarte cómo lo hicieron ellos, me lo han contado. En muchas cosas coincidimos. Curioso.

Pero al final, insisto, sólo tú puedes decidir salir o seguir preso. De hecho, si estás leyendo estas líneas es porque tienes dudas y en algún rinconcito de tu corazón sientes que vives en la Jaula.

Sólo te diré algo más. No tienes porqué seguir allí.

La vida fuera de la Jaula

Cuando salgas podrás mostrarte al mundo tal y como eres, con todo tu potencial natural.

Tu cuerpo será flexible, ágil, fuerte, simétrico, bello, resistente, móvil, enérgico, delgado, sano.

Tu mente será rápida, viva, atenta, concentrada, eficiente.

Tus emociones serán la alegría, el optimismo, la ilusión, la seguridad en ti mismo, la felicidad.

¿A qué esperas para romper los barrotes de tu jaula?