Archivos del Autor: Roberto Sánchez

Las comunidades con más salud del mundo en la actualidad

Todavía existen. Siguen ahí después de 10.000 años. Han permanecido aislados de la agricultura y la industria durante milenios, en parte por lo difícil que es acceder a los territorios que habitan. Son muy pocas tribus, no llegan al millar, pero aún hay pequeñas comunidades que viven en base a la coherencia natural. Son cazadores, pescadores y recolectores.

¿Quiénes son?

Los esquimales inuit de Groenlandia, Alaska y Canadá, los aborígenes de los desiertos de Australia, los indígenas maoríes de Nueva Zelanda, los pobladores de diminutas islas del Pacífico, los indios borono del Amazonas, los sentineleses de las islas Andaman, los kung de Botsuana, etc.

Definitivamente, los más sanos del mundo

Cualquiera que haya mantenido contacto con ellos ha reflejado su sorpresa frente a la formidable salud y bienestar que siempre presentan estas comunidades.

Ya sean los primeros aventureros y colonizadores del siglo XVI como el español Cabeza de Vaca o el francés René de Laudionnière. Ya sean misioneros como Jacob Baegert u oficiales como el capitán Cook, los cuales fueron destinados a lugares por entonces remotos durante las nuevas exploraciones del siglo XVIII. O ya sean doctores como Weston A. Price, quien estudió multitud de tribus durante la primera mitad del siglo XX.

Todos coinciden en la misma idea, la cual resume actualmente la doctora en biología molecular y experta en epigenética Cate Shanahan: “los nativos cazadores-recolectores que todavía viven hoy día tienen una faz bella y simétrica, con bonitos pómulos, ojos, nariz, labios, etc. La totalidad de sus cuerpos es la representación física de la harmonía fisiológica”. ¿Recuerdas las famosas fluctuaciones asimétricas, reflejo de la calidad de nuestro sistema inmunológico y a la vez de nuestra belleza?

Porque lo cierto es que los habitantes de estas comunidades, a pesar del peligro y la incertidumbre de vivir en lo profundo de la selva, alcanzan los 80 años, como nosotros… en cuanto a cantidad.

Pero no como nosotros en cuanto a calidad…

Los indígenas no presentan obesidad ni anorexia, no tienen enfermedades degenerativas -artrosis, osteoporosis, caries, Alzheimer, Parkinson- ni enfermedades modernas -diabetes, hipercolesterolemia, hiper o hipotiroidisimo, hígado graso no alcohólico, depresión, cáncer, cardiopatías, ansiedad, asma, alergias-.

Al contrario, tienen una salud de hierro sólo vulnerable a accidentes, ataques de animales, intoxicaciones y enfermedades infecciosas -que siempre estarán ahí, en toda la naturaleza; el hombre no tiene porqué ser una excepción-. A la vez, sus cuerpos reflejan su inmejorable salud a través de físicos atléticos, fuertes, flexibles, ágiles y como hemos dicho antes, libres de enfermedad. Y por si no fuera poco se muestran mucho más felices y enérgicos que la mayoría de nosotros, incluso cuando en muchos de sus idiomas la palabra felicidad no existe.

¿Dónde está la diferencia?

¿Cómo lo hacen? Porque en realidad ellos no tienen acceso a Internet, no contratan entrenadores personales, no leen la Men’s Health ni libros de autoayuda y tampoco cuentan las calorías de sus comidas. ¿Cómo están tan sanos? ¿Cómo mantienen su forma física?

Algo diferente deben hacer:

  • Estilo de vida: viven tranquilos y sin prisas. Sólo piensan en el ahora, y como mucho en la próxima temporada de lluvias. Viven sincronizados con los ritmos biológicos, especialmente el circadiano -dedicando la noche básicamente a dormir, dure lo que dure- y el estacional -el cual determina dicha duración del día, el clima y los alimentos que poder llevarse a la boca en cada estación-.
  • Alimentación: comen muchos vegetales, frutas, tubérculos, miel, carne, pescado, huevos y excepcionalmente bayas -legumbres tiernas de temporada, unas pocas semanas al año-, pero nunca cereales o legumbres secas. La única leche que toman es la materna, la cual se retira entre los 3 y los 5 años, y en cambio tienen mejor salud ósea que nosotros.
  • Actividad física: extremadamente variada e interválica. Sus movimientos combinan fuerza, resistencia y potencia, mientras que sus rangos de movimiento articular son amplísimos, por lo que también son muy flexibles. No corren más de 5 minutos seguidos a la misma velocidad, ni nadan en línea recta, ni realizan ejercicios analíticos como un press de banca o unas elevaciones laterales. ¿Quién hace todas esas tonterías? Lo reconozco, yo lo he hecho durante años ;-)

¿Imitamos? Hacer lo mismo que hace la gente sana

Antes decía algo de los libros de autoayuda y coaching y, como nos recuerda Sean Croxton en su libro The dark side of fat loss, todos coinciden en un mismo consejo: empezar por imitar a quien ha tenido éxito, y después mejorarlo. En realidad ya todo está inventado.

Entonces, ¿a qué esperamos a imitar a estas comunidades? Insisto, sin necesidad de aislarnos en la selva -¿cabríamos todos con la poca selva que queda?-. Pero sí podemos imitar su estilo de vida, alimentación y actividad física.

¿Preparado para imitar la vida del cazador-recolector? :-D

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El resultado de la revolución agrícola: el agricultor

Hablando sobre salud y bienestar, la revolución agrícola de hace 10.000 años supuso un paso atrás para la humanidad. Al hombre le precedían 2,5 millones de años de una vida marcada por la sorpresa y la aventura, el respeto de los ritmos biológicos, la actividad física, la alimentación basada en los productos de la caza y la recolección, la riqueza de sus relaciones sociales, el ocio y el descanso.

Probablemente gracias a su capacidad para prever el futuro y empujado por el miedo a la incertidumbre del mañana y a la dependencia de los cambios climáticos, el hombre abandonó la sabana y las cavernas para asentarse en los valles, cerca de los ríos, el agua y la vida, y así empezar a cultivar, dejando atrás el nomadismo para dar paso a las comunidades sedentarias. Fue el inicio de la cultura del excedente, la agricultura, y posiblemente también el de la propiedad privada y las primeras formas de capitalismo, gobiernos y patriarcado, relegando a la mujer a un segundo lugar en la vida social y dedicándose ésta, hasta el momento recolectora y participante activa de la sociedad, únicamente a la maternidad intensiva -de ahí el aumento de la densidad de población-.

Todo este proceso, que según la zona del planeta ocurrió hace entre 10.000 y 7.000 años, provocó una serie de modificaciones en el comportamiento, las costumbres, las creencias, el estilo de vida, la alimentación y la actividad física del ser humano, los cuales resultaron eficaces para favorecer el crecimiento de la población humana, pero que dieron pie al desequilibrio ecológico que hoy día vivimos, así como a una serie de modificaciones culturales, sociales, biológicas y fisiológicas que han mermado notablemente el bienestar del que gozaba el hombre de las cavernas. leer más »

Tres revoluciones, tres errores

Como comentaba en el último artículo, han habido tres momentos cruciales en la historia de la humanidad que han mermado considerablemente la salud y el bienestar del hombre: la revolución agrícola de hace 10.000 años, la revolución industrial de hace 250 años y la revolución digital que estamos viviendo en la actualidad desde hace unos 50 años.

Considerados como tres errores, podemos aprender de estos episodios de nuestra historia, manteniendo todo lo bueno que nos han aportado, a la vez que determinando y rectificando aquello que no nos ha hecho tanto bien.

Desde el Paleolítico, el hombre ha dejado de ser un animal alto, fuerte, sano, enérgico, sociable y feliz, para convertirse en un individuo débil, gordo, enfermo, apagado, individualista y deprimido.

¿Cómo ha ocurrido? ¿Qué errores se han cometido?

Desde luego, lo que más ha influido en la pérdida de la salud y el bienestar de los que gozaba el hombre de las cavernas han sido un estilo de vida, una alimentación y una actividad física muy distantes a la coherencia natural.

Veamos cómo ocurrió…

Posdata, con confianza

Hablando de aprendizaje y errores, ésta es la primera vez que grabo, edito y publico un vídeo en Internet, por lo que empiezo por pedir disculpas por las imperfecciones en calidad de imagen, iluminación, sonido -especialmente el ruido de las zapatillas rozando el suelo, ¡jaja!-, cadencia, etc. Insisto: estoy aprendiendo y trabajaré duro para seguir mejorando.

Así que no me queda más que agradecerte la visita e intentar contagiarte mi pasión por el hombre y su salud a través de los artículos, podcasts y vídeos, para poco a poco seguir descubriendo como recuperar el bienestar que un día perdimos, hace tan sólo 10.000 años.

Ahora sí, espero que disfrutes del vídeo :-)

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La única manera de aprender: equivocarse

Repito. Durante estos días, cuando hablo del hombre no lo hago refiriéndome a un individuo que vive unos 80 años, sino a un ser que tiene una edad de 2,6 millones de años. No olvidemos la perspectiva temporal.

Este hombre, como cualquier otro organismo, se ha adaptado durante millones de años a su medio ambiente con tal de sobrevivir, y esa adaptación requiere de otro proceso muy importante: el aprendizaje. No quiero alargarme mucho en lo que significa aprender, pero sí insistir en el papel fundamental que juega en este proceso el error. Para aprender necesitamos equivocarnos.

Hace un tiempo Mertxe Pasamontes, psicóloga 2.0, compartía con nosotros un artículo que resume muy bien la idea: Si no fallas, no aprendes. Ya estemos hablando de la vida de un hombre o de la historia de la humanidad, experimentar y equivocarse es en realidad la mejor manera de aprender, y consecuentemente adaptarse, ya que, como nos recuerda Mertxe, “aprendemos mejor aquellas cosas en las que previamente nos hemos equivocado y luego rectificado, ya que dejan mayor impacto en nosotros”.

La vida, como una excursión

En este sentido, podemos entender la vida y la historia de la humanidad como una aventura sin principio ni final conocidos.

Un día te cogen y te plantan en un camino en medio de la montaña, con un mapa algo antiguo y probablemente con indicaciones no del todo adecuadas -tu educación- y poca cosa más. De primeras, muerto de miedo, te quedas quieto; no sabes dónde estás ni qué hacer. Pero pronto aparcas ese miedo y te pones en marcha, ya que el hambre y la curiosidad empiezan a apretar. Encuentras uno de los senderos marcados en el mapa por donde otros ya han pasado y decides seguirlo, pero para tu sorpresa llega un momento en que éste se bifurca en dos caminos más. No te queda otra. Debes arriesgarte y elegir. leer más »

El verdadero hombre de las cavernas

En De vuelta a las cavernas ya empecé a despejar dudas en cuanto a mis intenciones. En muchos de los artículos de este blog no voy a proponer regresar literalmente a las cavernas, pero sí replantearnos nuestro estilo de vida, alimentación y actividad física con tal de parecernos más al hombre de las cavernas, un individuo que gozaba de una salud y bienestar envidiables, sobre todo comparados con los que tenemos hoy en día.

Antes de seguir quiero matizar algo muy relacionado con dos de los conceptos clave para comprender la naturaleza humana, la coherencia natural y la perspectiva temporal. No es que debamos cambiar y copiar la vida de nuestros ancestros. Sólo han pasado 10.000 años desde la revolución agrícola, nuestro gran error -aunque no todo lo que ha traído ha sido negativo-, y ese periodo de tiempo tan corto no es suficiente ni mucho menos para provocar un cambio evolutivo importante. Sin embargo, nuestra vida ha cambiado más en los últimos 10.000 años que en los 2,5 millones de años anteriores, lo que se está traduciendo en enfermedad, problemas de salud, déficit de bienestar y tendencia a la infelicidad.

Hoy día, la distancia entre lo que hacemos y lo que realmente somos es tan grande… Porque la realidad es que, biológicamente hablando, somos casi calcados al hombre del Paleolítico. Entonces no se trata de cambiar nuestra naturaleza actual, la cual de natural tiene poco. Al contrario, se trata de ser fiel a nuestra naturaleza real, a ese sentido común natural, y de esa forma recuperar la salud y el bienestar.

Nuestra educación y el entorno que nos rodea no ayudan en nada a sentir y percibir esa realidad. Estamos intoxicados de información, vivimos en la confusión, dispersos y distraidos, y hemos perdido la conciencia de lo que realmente somos. Afortunadamente para los que queremos recuperar el bienestar cavernícola, hoy día contamos con el estudio de nuestros antropólogos, el cual nos brinda la posibilidad de conocer cómo eran nuestros antepasados, qué hacían, qué comían, cómo y cuánto se movían, etc. leer más »