Caza y recolección

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Nuestros ancestros basaban su alimentación en estas dos acciones: cazar y recolectar.

Nadie ya puede negar que uno de los factores más importantes que afectan directamente nuestro bienestar es la alimentación.

Lo primero a tener en cuenta es algo que hemos olvidado, en parte por culpa de nuestra sobreocupación diaria, la cual nos ha hecho dejar de prestar atención a muchas cosas realmente importantes para nuestra salud para dedicarnos a otras que, lamentablemente, nos la quitan. Alimentarse no sólo significa llevarse comida a la boca.

La alimentación engloba un conjunto de actividades y hábitos mucho más amplio. Para alimentarnos debemos determinar qué es comestible y qué no lo es, hacernos con ello, analizar su buen estado, prepararlo, llevarlo a la boca, masticarlo, ensalivarlo, digerirlo, asimilarlo y desechar lo que no nos es útil.

Esto se traduce en decidir qué nos conviene comer y qué no, porque no todo lo que nos venden como comida es comida. Además, es uno mismo quien debe involucrarse en la preparación y la cocina de sus alimentos. A la hora de comer, debemos hacerlo de manera lenta, relajada y consciente, libres de prisas y distracciones -por ejemplo, la televisión-. Y después de comer, permanecer tranquilos sin hacer nada durante unos minutos, para asegurar una correcta digestión, sobre todo en el paso de los alimentos por el estómago.

De todos modos, yo insistiré en lo que considero más importante: determinar qué es comida de verdad.

Nuestro aparato digestivo y nuestros sistemas endocrino e inmunitario son otra parte más de nuestro organismo que no ha cambiado prácticamente nada en los últimos 10.000 años, pero nosotros nos hemos encabezonado en dar un vuelco radical a nuestros hábitos alimenticios, aunque no haya pasado suficiente tiempo para que podamos vivir sanos comiendo lo que comemos y como comemos. Sería posible, pero no a esta velocidad y mucho menos sin tener la necesidad de hacerlo.

Comemos lo que no debemos, más de lo que debemos y más rápido de lo que debemos.

Especialmente desde los gobiernos y las agencias de publicidad de las multinacionales siguen animándonos a consumir cierto tipo de comida que no nos favorece para nada. Muy al contrario, nos mantiene enfermos. También se hace desde las escuelas y universidades, controladas por dichos intereses.

Sin embargo cardiopatías, diabetes, cáncer, obesidad, osteoporosis, depresión y otras enfermedades siguen en alza. Entonces, ¿por qué nos siguen aconsejando lo mismo? ¿No será que el consejo no es el adecuado? ¿Cómo pretendemos obtener resultados distintos haciendo siempre lo mismo?

Casi nadie se atreve a discutir una serie de creencias incrustadas en nuestra mente desde hace siglos, aunque hoy día con más intención que nunca:

  • Debemos comer 5 veces al día.
  • Nuestra fuente de energía básica son los hidratos de carbono procedentes básicamente de los cereales.
  • Las grasas saturadas obstruyen nuestras arterias.
  • Subir o bajar de peso es cuestión del balance calórico: calorías que entran/calorías que salen.
  • La leche animal fortalece nuestros huesos.
  • La carne animal provoca cáncer.
  • El desayuno es la comida más importante del día.
  • La yema del huevo hace subir el colesterol.

Yo sí me atreveré, apoyándome en mi propia experiencia y en estudios e interpretaciones de algunos profesionales que ya se han atrevido a alzar sus voces en este sentido, tales como Dr. Loren Cordain, Robb Wolf, Sean Croxton, Dra. Olga Cuevas, Joe Friel, Dra. Victoria Cadarso, Gary Taubes, Dr. Tom O’Bryan o Mark Sisson.

Una vez más, advierto. Voy a tocar creencias, y eso no suele gustar. Sólo te pido que te quites el escudo. Mi intención no es hacerte daño, sino abrirte los ojos a otras nuevas posibilidades. Hay alternativas y no todo lo que te digan tiene porqué ser absolutamente cierto. Lo que yo diré tampoco. Olvídate de esas verdades absolutas, atrévete a probar y experimentar y luego quédate con lo que te ha sido útil y beneficioso.

Caza y recolección, eso es lo que debemos recuperar, además de algo que cada vez hacemos menos: comer crudo.

Muchos pensarán que estoy hablando de la paleodieta. Debo reconocer que todo empezó por ahí. Sin embargo, no comparto toda la teoría que promulga el Dr. Cordain, como por ejemplo el predominio de la carne en nuestra dieta. Poco a poco, lo iré desvelando.

Todas mis interpretaciones acerca de una alimentación natural y ancestral las podrás encontrar aquí.

 

Escucha tu cuerpo, por un bienestar cavernícola. Olvídate de objetivos y resultados, y disfruta de las consecuencias.

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