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No nos queda otra. Necesitamos entrenar.
El sedentarismo nos ha apoltronado en una silla, en un sofá, en un coche y en un colchón con tecnología de la NASA. Hemos alcanzado tal punto de inmovilismo físico que la insanidad crónica se ha instalado en la vida de muchos de nosotros en forma de sobrepeso y obesidad, diabetes, cardiopatías, depresión, disfunciones de los sistemas endocrino e inmunitario, artropatías,… enfermedades relacionadas, entre otros factores, con el sedentarismo. Hoy día pocos se atreven a discutir la necesidad de compensar horas y horas de inactividad física, tanto por nuestro bienestar físico como mental, sin olvidar que somos un todo global.
Hoy entrenamos, desde el punto de vista de la salud y el bienestar, sencillamente para compensar. Y así seguirá siendo. No tiene pinta que abandonemos la oficina para volver a agarrar la azada.
Hace muy poco tiempo aparecieron los gimnasios, y todavía hace menos tiempo desde que verdaderamente un importante número de personas practican ejercicio con cierta frecuencia. Es algo muy positivo que la palabra entrenar esté en boca de cada vez más gente. Además de entrenar, muchos también se están sumando al cambio de ciertos hábitos en pro de un estilo de vida más físico, tales como ir a trabajar en bicicleta en vez de en coche, tomar clases de baile o aprovechar el fin de semana para salir de excursión en vez de quedarse en casa viendo la basura cuadrada – la televisión-. Estamos en el buen camino, recuperando una vida diaria un poco más física, y por lo tanto más coherente con nuestra naturaleza. De todos modos, todavía queda mucho por hacer.
En este sentido yo seguiré alentando a todos los lectores para que, de una manera u otra, apuesten por una vida físicamente activa. Eso es lo primero.
Pero además, debo avisar al lector que muchos de mis consejos, comentarios, opiniones y recomendaciones puedan resultar como mínimos sorprendentes.
Durante los últimos años, a base de adquirir más conocimiento y sobre todo más experiencia, además de percibir cierta inquietud respecto al tema por parte de otros profesionales del sector de la salud, me he dado cuenta de que no todo lo que me explicaron los profesores y lo que estaba escrito en los libros es lo más coherente, lo más adecuado. Llevamos años repitiendo como loros lo mismo y sin embargo los índices de obesidad y otras enfermedades crónicas siguen increméntandose. Algo estamos haciendo mal, y no es no aplicar esos consejos obsoletos.
Tanto en los profesionales como en el ciudadano de a pie han sido inculcadas una serie de creencias respecto a la salud que distan mucho de ser una certeza absoluta, y en algunas ocasiones incluso una farsa. Por poner algunos ejemplos:
- Es necesario realizar ejercicio cardiovascular de intensidad moderada-alta durante más de 25 minutos para quemar grasas.
- Gran parte de nuestras enfermedades tienen un importante componente genético.
- Al hacer una sentadilla, nuestras rodillas no deben superar los 90 grados de flexión.
- Los niños no deben hacer pesas.
- Si te duele la espalda el mejor ejercicio que puedes hacer es nadar.
- Correr es sano.
Lo sé. De momento ya te habrá sorprendido que haya calificado como inciertas estas afirmaciones intocables y redudantes en libros, periódicos, revistas, páginas web, etc.
Yo sólo hago una petición. Libera tu mente, despréndete de todo lo que has aprendido al respecto o como mínimo no lo creas al 100%, lee, reflexiona, contrasta y, sobre todo, experimenta. Después quédate con lo que quieras. Tampoco tienes porqué creerme al 100% a mí. Ni tan sólo yo lo hago
Ahora bien, si no eres capaz de dejar tus creencias atrás, te recomiendo que dejes de leer este blog. Estás perdiendo el tiempo.
Respecto a nuestros patrones físicos, la fisiología y la mecánica humana no han cambiado casi nada desde la preshistoria. Por eso apuesto por recuperar la actividad física de nuestros ancestros, el entrenamiento prehistórico.
Como adelanto te diré que ya no vas a tener que correr una hora al día, ni hacer solamente ejercicios analíticos aburridos. Entrenar puede dejar de ser sacrificado. Puedes pasártelo bien y no acabar destrozado. Probablemente parte de nuestros problemas físicos se resuelvan con retomar el movimiento global del cuerpo, volver a jugar y recuperar cierta inocencia.
Lógicamente, no pretendo involucionar.
El entrenamiento moderno y analítico puede reportarnos beneficios en muchas ocasiones, por lo que yo también lo incluyo en nuestra práctica de actividad física. No lo rechazaré. Es más, lo potenciaré dependiendo de los casos y los propósitos que tengamos.
Pero no será la base. Ni estamos preparados para hacer según el qué ni tiene sentido hacerlo, mientras que hemos olvidado otros gestos globales muy recomendables de practicar, tales como saltar, trepar, gatear, etc.
Nos lo pasaremos bien
Todo lo referente a entrenamiento prehistórico lo encontrarás aquí.






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