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Hago una parada en el camino para compartir contigo un regalo que me llegó hace unos días de parte de un lector malagueño, Juan Miguel Soler, en forma de correo electrónico.
Juan Miguel se presenta como una persona deportista y saludable, y no me queda ninguna duda de que lo es. Ahora bien, como él mismo se describe, durante mucho tiempo formó parte de ese grupo del que a veces hablo, aquellos que comprenden que el hombre está hecho para el movimiento pero que, probablemente gracias a la educación productivista y competitiva que hemos recibido y a la cultura del sacrificio que nos rodea, han llevado al extremo la práctica deportiva de la manera más incoherente posible, cegados por los objetivos del rendimiento deportivo, incluso pasando por encima de la salud y de los avisos que el cuerpo nos va enviando con cierta frecuencia informándonos de si la vida que llevamos le resulta beneficiosa o nociva.
Juan Miguel me escribía a raíz de alguno de mis tweets del tipo “¿Te sientes orgulloso cuando el médico te dice que tienes corazón de deportista? Yo no estaría tan contento por tener bradicardia”, en los que suelo poner en duda algunas de las creencias que tiene nuestra sociedad acerca de la salud, el bienestar, la dieta y el deporte. Interesante… Quiero leer más









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