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¿Qué es lo que provocó que el hombre se distanciara tanto y tan rápido desde un punto de vista intelectual del resto de animales? ¿Qué hizo que el tamaño de su cerebro aumentara tanto en proporción a su cuerpo? ¿Cómo logró desarrollar su intelecto mucho más que el resto de primates contemporáneos? ¿Tuvo el consumo de carne algo que ver, por ejemplo, en la diferenciación entre la rama de nuestros ancestros directos -el género homo- y la de los chimpancés -el género pan-?
El mundo de la antropología sigue intentando descubrir la clave o el origen de nuestra inteligencia y, aunque todavía no la han determinado, gran parte de la comunidad antropológica apoya la teoría de que fue el consumo de carne el que proporcionó al hombre la posibilidad de desarrollar más su cerebro. Sin embargo, a pesar de agradarme y encontrar mucha lógica en esta teoría, desde mi humilde opinión, al igual que para el resto de aspectos de la vida, continúo pensando que mientras sigan buscando una única causa de esa diferenciación intelectual fracasarán, ya que probablemente este hecho no responda a un único factor, sino a varios.
De todos modos, aún sin demostrar que fuera la causa directa, prácticamente nadie se atreve a negar las afirmaciones de antropólogos de la talla de Juan L. Arsuaga, William R. Leonard, Leslie C. Aiello o Peter Wheeler, los cuales respaldan la teoría de que fueron el consumo de carne y el aumento progresivo de la proporción de carne respecto a vegetales en nuestra dieta los que posibilitaron el acortamiento de nuestro tubo digestivo, el aumento de nuestro cerebro y, en consecuencia, el desarrollo de nuestra inteligencia, siempre desde el equilibrio dietético que nos aportan los vegetales, ya que los carnívoros puros tampoco han alcanzado nuestros niveles de inteligencia. En este sentido, yo me atrevería a decir que el hombre se ha convertido en uno de los seres vivos de gran tamaño más versátiles y adaptativos del planeta gracias a combinar en su alimentación animales con vegetales.
A la vez, no deja de ser curioso que sea a partir de la revolución agrícola y la sustitución de la carne por los cereales cuando el tamaño del cráneo y el cerebro del hombre haya empezado a disminuir y que, a pesar de la asombrosa especialización de nuestra inteligencia actual, aquel desarrollo intelectual desmesurado haya quedado frenado, mientras que una de las enfermedades que ocupan los primeros puestos en nuestro ranking de causas de malestar y muerte sea la depresión, relacionada con el bajo consumo de grasas saturadas de alta calidad -procendente de animales alimentados con pasto-.









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