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¿Te atreves a entrenar sin normas o planificación? Las 9 claves del paleofitness

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¿Sería todo un reto, verdad? Tu mentalidad es cuadriculada y analítica, te han enseñado a planificarlo todo, tener unos objetivos y trabajar por conseguir unos resultados, cuanto más rápido mejor. Eres un especialista de la productividad y la disciplina. Lo contrario rompe tus esquemas, cuestiona tus dogmas…

  • Hablando de músculos… Para trabajar tu resistencia serán series de 15 repeticiones. Si pretendes mejorar tu fuerza mejor series de 2-4 repeticiones. Si quieres aumentar el volumen de tu musculatura habrá que llegar al fallo muscular entre las 8 y las 12 repeticiones. No puedes entrenar el mismo grupo muscular dos días consecutivos. Y por supuesto, los lunes toca pecho y bíceps, los miércoles espalda y tríceps y los viernes hombro y piernas.
  • Hablando de salud cardiovascular y sobrepeso… Para quemar grasa tendrás que superar los 25-30 minutos de cardio intenso. Para mantener un sistema circulatorio sano no hay nada mejor que correr una hora. El ritmo del ejercicio cardiovascular debe ser constante, ya que los picos interválicos castigan tu corazón.
  • Hablando de corrección postural y análisis… Debes localizar y centrar el ejercicio en el grupo muscular concreto que quieres trabajar. Si levantas mucho peso, usa cinturón para proteger tus lumbares. La columna debe permanecer siempre erguida. Los brazos y las piernas deben moverse en perfecta simetría, alineación y sincronía.

Y así podría seguir con unas cuantas creencias absurdas e incoherentes acerca de la práctica de ejercicio.

Sin embargo sigo preguntándome cómo demonios el hombre de las cavernas llegó a convertirse en la representación del físico más perfecto que ha alcanzado el hombre en toda su historia. No son pocos los antropólogos que afirman que cualquier hombre del Paleolítico podría haberse codeado cómodamente con cualquier decatleta de nuestros tiempos, mientras que el agricultor daría paso a un hombre físicamente deteriorado, desperfecto que ha alcanzado su culmen hoy día, momento en el que el homo obesis estresis depresivus representa, a través de su mermada salud y su poco atractivo aspecto físico, el dolor, la enfermedad y la ineficacia de su sistema inmunitario. Interesante… Quiero leer más »


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“Olvídate de objetivos y resultados, y disfruta de las consecuencias” Robert Sánchez

¿Qué debemos comer según la estación del año?

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Para muchos parecerá una tontería el pretender tener en cuenta en qué estación del año nos encontramos a la hora de determinar qué, cuánto o cuándo vamos a comer. Sin embargo son nuestros propios instintos y sensaciones los que nos empujan a comer según qué alimentos dependiendo, por ejemplo, de si hace calor o frío, o si el clima nos ha invitado a estar más o menos activos. A la vez, también es el propio planeta el que nos ofrece la posibilidad de contar de manera natural con mayor cantidad y variedad de alimentos durante ciertos periodos del año, contrarrestando de este modo otros episodios de escasez.

La realidad es que el ritmo circanual o estacional afecta directamente no sólo a la alimentación del hombre, sino también a otros aspectos de su estilo de vida, como pueden ser las horas de sueño o la actividad física. Por tanto, respetar este ciclol es una de las claves para gozar de salud y bienestar, así como para prevenir diversas enfermedades.

Antes veamos cómo era la alimentación y la vida del cavernícola en relación a la estación del año en que se encontraba, teniendo como referencia las cuatro estaciones que se dan lugar aquí, en Europa -según la latitud, el número de estaciones puede variar. Por ejemplo, en las latitudes ecuatoriales sólo existen dos estaciones, la seca y la lluviosa-.

Primavera y verano

Son las estaciones del florecimiento y la abundancia en todos los sentidos, y el hombre aprovecha estos meses para disfrutar del clima, largas jornadas de luz solar, actividad física frecuente e intensa, vitamina D a raudales, infinidad de frutas y vegetales, etc.

¿Todo esto para qué? Para que el hombre pueda abastecerse de más alimentos, especialmente frutas ricas en fructosa, de alta carga glucémica, sobrecargar el organismo de glucosa, parte de ella para hacer frente a la actividad de las largas jornadas estivales, y el resto para transformarla en grasa, acumularla en sus depósitos grasos -engordar- y reservarla para las épocas venideras de escasez y hambruna, el otoño y el invierno. Interesante… Quiero leer más »


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El sistema endocrino y sus hormonas, omnipresentes y omnipotentes

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Después de conocer al encargado de controlar y gestionar la información que fluye por nuestro cuerpo, el sistema nervioso, es momento de descubrir cómo trabaja el otro 50% del consejo general corporal, el sistema endocrino.

No deberíamos olvidar en ningún momento que, por mucho que nos guste dividir y analizar las partes de un todo, el cuerpo humano conforma una unidad funcional. De todos modos, cada vez son más las divisiones, sistemas y subsistemas en los que dividimos nuestro organismo, tales como el sistema digestivo, el sistema reproductivo, el sistema nervioso central, etc.  Todos ellos se caracterizan o bien por localizarse en lugares muy concretos de nuestro cuerpo o bien por tener un inicio y final bastante definidos, como pueden ser la boca y el ano en el caso del digestivo.

En cambio, si existe un sistema que refleja la compleja globalidad del cuerpo humano y la dependencia multifactorial del funcionamiento de éste, ése es el sistema endocrino, el cual, como buen director, está en todo el cuerpo. Incluso me atrevería a decir que el sistema endocrino es todo el cuerpo, conformando junto con el sistema nervioso el binomio funcional más importante de nuestro organismo. Si el sistema nervioso se encargaba de recibir y emitir señales eléctricas, el sistema endocrino controla y regula prácticamente todas las señales químicas que circulan por el cuerpo a través de la detección y secreción de unas sustancias muy especiales, las hormonas.

¿Cómo es posible que el sistema endocrino esté en todo el cuerpo?

El sistema endocrino está formado por una serie de glándulas distribuidas básicamente entre la cabeza, el cuello y el tronco. Las más conocidas son el hipotálamo, las tiroides o las suprarrenales, pero también se secretan hormonas desde otras glándulas secundarias menos conocidas situadas en el resto de órganos del cuerpo. De ese modo, no sólo las glándulas principales intercambian hormonas entre ellas mismas y el sistema nervioso a través del torrente sanguíneo, las cuales estimularán o inhibirán ciertas actividades y funciones metabólicas, sino que también participan en este juego tan complejo órganos como el corazón, los riñones, el hígado o la propia piel.

Entre estas glándulas menos conocidas, quiero hacer mención especial a la glándula endocrina que representa mayor volumen en nuestro cuerpo. ¿Sabes cuál es? Es el tejido adiposo formado por los adipocitos, es decir, la grasa que almacenamos en nuestro cuerpo, la cual es la principal secretora del organismo de la hormona leptina, encargada de informar sobre los niveles de grasa de nuestro cuerpo y de esa manera participar junto con la hormona grelina en la regulación del apetito y de la actividad metabólica. Si estás preocupado por el sobrepeso o los niveles de triglicéridos de tu organismo deberías conocer en profundidad cómo trabaja esta glándula -yo te ayudaré muy pronto-.

¿Entiendes ahora por qué el sistema endocrino es todo el cuerpo?

La omnipotencia del sistema endocrino

Todo lo que hacemos, absolutamente todo tiene influencia sobre el sistema endocrino y la secreción de hormonas. Del mismo modo que ocurría con su compañero de trabajo, el sistema nervioso, lo que comemos, dormimos, nos movemos, pensamos, sentimos y nos estresamos interviene en su funcionamiento, especialmente debido a su omnipresencia. Insisto, está en todas partes.

Y dicha omnipresencia se traduce en omnipotencia, ya que el metabolismo estimulado o inhibido por parte del sistema endocrino es un ciclo continuo interdependiente e interactivo entre todos los tejidos, glándulas y órganos del cuerpo humano. Todo está relacionado y en permanente comunicación.

Un ejemplo de la enorme influencia que ejerce el sistema endocrino sobre nuestro cuerpo podría ser el simple hecho de que si mientras dormimos nos iluminan un pie -¡sólo un pie!- se pone en marcha toda una respuesta metabólica a partir de la cual nuestra piel percibe los fotones de la luz, informa al sistema nervioso, dejamos de secretar melatonina -la hormona regeneradora que secretamos durante el sueño-, aumentamos la secreción de cortisol -la hormona del estrés-, la cual demanda el incremento de nuestros niveles de glucosa en sangre, interrumpe nuestro descanso, vacía nuestros depósitos de glucógeno -energía-, y finalmente nos hace despertar con hambre y antojo, especialmente de alimentos ricos en almidón -dulces-. Tal vez esta es la clave por la que necesitas desayunar nada más levantarte ;-)

¡Esto es una gran noticia!

¡Sí, lo es! Porque al contrario de lo que la mayoría de gente cree, piensa y hace, abogando por la justificación y responsabilidad hormonal de todos sus males y enfermedades, la omnipresencia y omnipotencia del sistema endocrino no es más que otro as en la manga a tu favor para influir y decidir quién quieres ser -te recomiendo repasar el artículo Eres lo que quieres ser-.

Tú tienes la posibilidad de modificar el comportamiento de tu sistema endocrino siempre que quieras. Tú eres el responsable de lo que comes, lo que sientes, lo que te mueves, lo que piensas, lo que duermes,…

Tú y tus hábitos sois los dueños de tu cuerpo :-)


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¿Qué es el paleofitness?

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El paleofitness no es más que el fitness, ejercicio físico o entrenamiento que realizaba el hombre del Paleolítico. Bueno, siendo franco debería decir que es más que probable, por no decir seguro, que el cavernícola ni entrenaba ni seguía ningún tipo de rutina de ejercicio o planificación, sino que sencillamente su vida diaria requería de una actividad física que implicaba cazar, recolectar, transportar objetos, jugar, luchar o relacionarse con los demás. Definitivamente no, no entrenaba. Su vida era actividad física, y en consecuencia gozaba de una salud física inmejorable, representada en un cuerpo alto, fuerte y atlético, y una longevidad potencial de aproximadamente 70 años.

Creo recordar que la primera vez que escuché el término paleofitness fue en una entrevista a Erwan Le Corre, fundador de la disciplina MovNat. Influenciado por el Método Natural de Georges Hebért, Erwan ha desarrollado un sistema de entrenamiento físico basado en la imitación de todas esas actividades que llevaba a cabo el hombre prehistórico. Para Erwan, la práctica del fitness de hoy día está infectada por un análisis exagerado y demasiadas reglas, además de carecer de globalidad mecánica y de sentido natural -primando el estético o el de rendimiento-.

En el paleofitness no hacemos sentadillas, press de banca, curl de bíceps, elevaciones laterales o flexiones de tronco para marcar tableta. Tampoco corremos o nadamos largas distancias, y ni mucho menos pasando por encima de todos esos marcadores y avisos que nos manda el cuerpo de que algo no va bien o que el esfuerzo es excesivo. Y por supuesto no se repiten patrones, una y otra vez, en forma de ejercicios analíticos llevados hasta el límite -esto sólo puede reportar beneficios en el campo de la rehabilitación o el rendimiento, el cual recordemos que no tiene nada que ver con la salud-.

El fitness del hombre de las cavernas era muy diferente. Caminaba, se agachaba, se levantaba, lanzaba piedras, nadaba, corría un sprint, se arrastraba por el suelo, trepaba, saltaba, tiraba, empujaba, cargaba objetos pesados, jugaba, escalaba,… día tras día. Ese era su entrenamiento, el cual tuvo como consecuencia la expresión física más perfecta de la historia del ser humano.

Como ya hemos visto, el sedentarismo iniciado en la revolución agrícola y ya exagerado en nuestra revolución digital ha provocado que poco quede de aquel atleta natural. Interesante… Quiero leer más »


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Juan Miguel, testimonio del exceso deportivo y la incoherencia natural

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Hago una parada en el camino para compartir contigo un regalo que me llegó hace unos días de parte de un lector malagueño, Juan Miguel Soler, en forma de correo electrónico.

Juan Miguel se presenta como una persona deportista y saludable, y no me queda ninguna duda de que lo es. Ahora bien, como él mismo se describe, durante mucho tiempo formó parte de ese grupo del que a veces hablo, aquellos que comprenden que el hombre está hecho para el movimiento pero que, probablemente gracias a la educación productivista y competitiva que hemos recibido y a la cultura del sacrificio que nos rodea, han llevado al extremo la práctica deportiva de la manera más incoherente posible, cegados por los objetivos del rendimiento deportivo, incluso pasando por encima de la salud y de los avisos que el cuerpo nos va enviando con cierta frecuencia informándonos de si la vida que llevamos le resulta beneficiosa o nociva.

Juan Miguel me escribía a raíz de alguno de mis tweets del tipo “¿Te sientes orgulloso cuando el médico te dice que tienes corazón de deportista? Yo no estaría tan contento por tener bradicardia”, en los que suelo poner en duda algunas de las creencias que tiene nuestra sociedad acerca de la salud, el bienestar, la dieta y el deporte. Interesante… Quiero leer más »


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