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Las causas de nuestra enfermedad

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No quería hacerlo, pero frente a la insistencia y la enorme cantidad de preguntas de muchos de vosotros, cavernícolas, he decidido dar un adelanto, aunque lógicamente detrás de todo lo que voy a decir todavía faltan semanas y semanas de razones y explicaciones.

Como vengo comentando estos días, el estilo de vida, alimentación y actividad física que hemos heredado de los primeros agricultores no favorecen nada a nuestra salud y bienestar.

Todos los errores que estamos cometiendo tienen un denominador común: la incoherencia natural.

Hoy comparto las que creo que son las principales causas de enfermedad de nuestra sociedad moderna. No son todas, sino solamente las más importantes. Entre ellas están el estrés crónico, consumir cereales, comer sin hambre, hacer ejercicio cardiovascular de intensidad sostenida, no dormir lo suficiente, etc.

¿Damos un repaso a estas causas?


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¿Quiénes somos? Retrato del hombre contemporáneo

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Sé que lo estabas esperando. Por fin llegamos al final de este repaso histórico para descubrir quiénes somos hoy, cuál es el panorama actual y qué debemos hacer ahora, después de aprender, para rectificar y recuperar nuestra salud y bienestar.

Somos esto

Y digo esto porque no se me ocurre decir otra cosa.

No sé quién fue, si Dios, Alá, el Tao, el Universo o la Madre Naturaleza, pero fuera quien fuera al hombre se le regaló la vida, y con ella un cuerpo diseñado durante millones de años para poder ser considerado hoy día el organismo más desarrollado y complejo que se conoce, una máquina tan perfecta como la primera forma de vida que hubo en la Tierra, pero con una capacidad de predicción e imaginación fuera del alcance de cualquier otro ser.

Todos esos millones de años de evolución los estamos tirando a la basura. Teniendo como base la teoría de Gaia, según la cual la Tierra se comporta como un macroorganismo, ya pocos científicos tienen dudas de que la humanidad se ha convertido en el cáncer del planeta, una pequeña célula planetaria que rápidamente -unos pocos miles de años- se ha ido reproduciendo y extendiendo arrasando cualquier otro ser viviente que se cruza por su camino. Algunos de estos científicos ya se atreven a hablar de la sexta extinción planetaria, posterior a la quinta, la cual tuvo lugar hace 65 millones de años -la de los dinosaurios-, aunque será la primera en que el exterminador y el extinguido sean el mismo factor: el hombre.

¿Vamos a desaprovechar este regalo? leer más »

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La guinda del pastel: la revolución digital

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Después de un repaso prehistórico e histórico de más de 2 millones de años, por fin alcanzamos la actualidad.

Nos situamos a mediados del siglo XX, en la década de los 50. Al igual que el planeta, el hombre pre-moderno, el de la revolución industrial, ya había cambiado más en los últimos 10.000 años que en los anteriores 2,5 millones de años. Para ser fiel a esa progresión, el hombre moderno está a punto de dar un paso que todavía acelerará más la enfermedad y el proceso degenerativo en el que entró a través de la revolución agrícola. Es la tercera gran revolución tecnológica: la revolución digital. Es curioso que también se la conozca como la revolución de la inteligencia, cuando ha sido más bien de la estupidez.

¿Qué ocurrió?

Dado que, como decía, los acontecimientos cada vez se suceden más rápido, podríamos hablar más sobre todo lo acontecido los últimos 50 años que durante los 2 millones de años anteriores, así que iré al grano.

¿Cuál fue el gran cambio que afectó especialmente a la salud y el bienestar del hombre? La aparición en escena del control automático y de la computación, la informática, lo que hundiría al hombre en un peligroso charco de arenas movedizas.

El homo fabriquis, la pieza fundamental de la cadena industrial, ya no es tan necesario en la fábrica. Su lugar empieza a ser ocupado por máquinas y robots automatizados. Sin embargo, alguien debe controlar esas máquinas, y el hombre simplemente vuelve a trasladar su puesto de trabajo, como ya hizo el día que dejó la sabana para trabajar en los valles y del mismo modo que más tarde abandonó el campo para trabajar en la fábrica. El hombre deja la fábrica y se sienta.

¡Ese fue el gran cambio! Se sienta en una oficina, en un tren, en un coche, en un sofá, en un autobús, en una silla… delante de un paisaje rutinario, un televisor o un ordenador. Sea como sea la acción es la misma. Se sienta. leer más »

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Los efectos de la revolución industrial en la salud y el bienestar

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Después de repasar el primer error, el origen de todo el desequilibrio, veamos qué ocurrió con el segundo, el cual tuvo lugar hace unos 250 años. Fue la revolución industrial.

Lo cierto es que, directamente, la revolución industrial no supuso un gran cambio en los hábitos de cualquier agricultor. Éste, poco a poco, se vió obligado a marcharse del campo para trabajar en la fábrica. Es decir, aparte del cambio de ubicación de su lugar de trabajo, poco más.

El homo cerealis daba paso al homo fabriquis, pero físicamente no se diferenciaban demasiado. Su dieta basada en cereales y más lácteos -pequeño cambio- seguía propiciando la enfemedad, la desmineralización del esqueleto, la debilidad física y la muerte prematura. Sus hábitos físicos continuaban siendo patrones repetitivos, de baja intensidad y de larga duración, sin tiempo para el descanso, los cuales machacaban el cuerpo del fabriquis. Además, seguía sin necesitar recorrer grandes distancias hasta el lugar de trabajo y su postura se mantenía redudantemente inclinada hacia adelante, como la del agricultor, pero aún más estática. Y por si no fuera poco, las jornadas de trabajo de hasta 16 horas de lunes a domingo debajan poco tiempo para las relaciones sociales, el ocio y el descanso.

Si la agricultura era un desastre, la fábrica se convirtió en la exageración del desastre.

Por eso decía que, directamente, la revolución industrial tampoco supuso un gran cambio en el estilo de vida del hombre, sino simplemente un paso más hacia la enfermedad, pero en el mismo sentido.

Sin embargo, durante el nacimiento de la industria tuvieron origen otras dos de las causas fundamentales de la enfermedad de nuestros días: la industrialización de los alimentos y la introducción masiva de la medicina y la farmacia. leer más »

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Las comunidades con más salud del mundo en la actualidad

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Todavía existen. Siguen ahí después de 10.000 años. Han permanecido aislados de la agricultura y la industria durante milenios, en parte por lo difícil que es acceder a los territorios que habitan. Son muy pocas tribus, no llegan al millar, pero aún hay pequeñas comunidades que viven en base a la coherencia natural. Son cazadores, pescadores y recolectores.

¿Quiénes son?

Los esquimales inuit de Groenlandia, Alaska y Canadá, los aborígenes de los desiertos de Australia, los indígenas maoríes de Nueva Zelanda, los pobladores de diminutas islas del Pacífico, los indios borono del Amazonas, los sentineleses de las islas Andaman, los kung de Botsuana, etc.

Definitivamente, los más sanos del mundo

Cualquiera que haya mantenido contacto con ellos ha reflejado su sorpresa frente a la formidable salud y bienestar que siempre presentan estas comunidades.

Ya sean los primeros aventureros y colonizadores del siglo XVI como el español Cabeza de Vaca o el francés René de Laudionnière. Ya sean misioneros como Jacob Baegert u oficiales como el capitán Cook, los cuales fueron destinados a lugares por entonces remotos durante las nuevas exploraciones del siglo XVIII. O ya sean doctores como Weston A. Price, quien estudió multitud de tribus durante la primera mitad del siglo XX.

Todos coinciden en la misma idea, la cual resume actualmente la doctora en biología molecular y experta en epigenética Cate Shanahan: “los nativos cazadores-recolectores que todavía viven hoy día tienen una faz bella y simétrica, con bonitos pómulos, ojos, nariz, labios, etc. La totalidad de sus cuerpos es la representación física de la harmonía fisiológica”. ¿Recuerdas las famosas fluctuaciones asimétricas, reflejo de la calidad de nuestro sistema inmunológico y a la vez de nuestra belleza?

Porque lo cierto es que los habitantes de estas comunidades, a pesar del peligro y la incertidumbre de vivir en lo profundo de la selva, alcanzan los 80 años, como nosotros… en cuanto a cantidad.

Pero no como nosotros en cuanto a calidad… leer más »

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