Querido lector, como ya pudiste disfrutar hace unas semanas, aquí tienes otro breve fragmento del libro que estoy cocinando, para que vayas teniendo algunas pistas de por donde irán los tiros. Es sólo una breve reflexión del sexto capítulo que lleva como título Elogio de la variedad. Por qué deberías dejar de hacer repeticiones. Ya sabes, no dejes nunca de moverte… y de mover tu movimiento. ¡Salud!
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Hoy comparto un segundo extracto del libro El mono estresado del Doctor José Enrique Campillo Álvarez -el último que comparto; os recomiendo leer el libro entero.
Después de comprender que nuestro genoma sigue siendo calcado al del hombre de las cavernas y que, por tanto, nuestra naturaleza evolutiva es la misma, el Dr. Campillo nos recomienda movernos como el hombre del Cromañón, y así combatir y compensar nuestro estrés, a la vez que tratar y prevenir la obesidad infantil.
Debemos movernos como los cromañones
“Para estar sanos y combatir los efectos negativos del estrés, deberíamos movernos como los cromañones. Si no podemos salir a cazar nuestra comida o a buscar el alimento en el campo; si ante una agresión o un disgusto o una preocupación no podemos ni huir ni luchar, tendremos que encontrar la forma de ponernos en paz con nuestro diseño en estas deudas de activida física.
“Move frequently at a slow pace” es la tercera ley del decálogo de Mark Sisson para vivir en la salud y el bienestar y expresar de manera óptima nuestro ADN. ¿A qué se refiere? A caminar, ir en bicicleta, nadar, practicar senderismo, etc., pero no de cualquier manera -luego me explico-.
Antes de seguir quiero recalcar que por sí sola no tiene valor, no es suficiente. ¿Qué le falta? Las dos siguientes Primal laws de Sisson, la cuarta y la quinta, “levanta objetos pesados” y “corre sprints de vez en cuando”, respectivamente. Todas forman una conducta de actividad física completa, y si falta una de ellas la mesa cojea. Ahora bien, desde mi punto de vista, coincido con Sisson en que esta ley, moverse con frecuencia y lentamente, es la más importante.
Porque como decía hace unos días, nuestra fisiología y genética están diseñados para adaptarse y mostrar su mejor versión cuando reciben estímulos altamente intensos a la vez que breves de forma puntual. De ahí la importancia de practicar ejercicios de fuerza máxima, potencia, circuitos, Tabatas y otros entrenamientos interválicos de alta intensidad. Sin embargo, si el resto de la jornada la pasamos en completo sedentarismo ese sobreesfuerzo nos servirá de poco.
El cuerpo humano está hecho para moverse de forma muy variada, con frecuencia y a un ritmo e intensidad moderados, y si no lo hacemos la enfermedad aparece pronto, ya sea en forma de dolor y rigidez músculo-esqueléticos, desórdenes del sistema inmunitario, desajustes hormonales, conflictos emocionales o ineficiencia energética.
Generalmente, ya sea en libros, artículos, reportajes o incluso yo mismo en este blog, solemos encarar el ejercicio físico hacia un triple objetivo: salud, rendimiento o estética. Es normal que alcanzado este nivel de desarrollo, la sociedad tienda a clasificar y especificar, y el ejercicio físico no podía ser menos. Pero hoy dejaré de lado las clasificaciones. Cada día tengo más claro que, sea cual sea el motivo inicial o aparente por el que uno practica deporte y los resultados concretos que se obtengan en el tratamiento de la causa, en absolutamente todos los casos, siempre que se hagan bien las cosas, el ejercicio físico genera un sentimiento claro y conciso: felicidad.
Después de varios años en la profesión -ahora ya puedo decir que soy veterano
- he compartido con decenas de personas infinidad de horas practicando actividad física. Como decía, cada uno tenía su porqué particular, aunque el fin era el mismo para todos ellos: sentirse bien. Sentirse bien para jugar, andar, saltar, correr, reír, respirar, descansar,… sentirse bien para vivir. Y en eso mismo consiste ser feliz.





